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quinta-feira, 8 de novembro de 2012

La opinión de S.E. Mons. Marcel Lefebvre acerca del «Poema del Hombre-Dios» de María Valtorta

Nota do blog: O site da FSSPX publicou, aos 21 de maio de 2011, o Comentários Eleison n. 201 (Dois arrependimentos; se o site retirar o texto, me peçam que eu o tenho), de Mons. R. Williamson, sem mencionar a opinião de Mons. Lefebvre a respeito. Deduções livres, portanto. Em tempo, salvei a imagem do artigo no site da FSSPX, no caso de haver um "expurgo comunista" nos arquivos do site. ;)

Nota 2, de 09/01/2016. Somos fiéis a Cristo e não a homens. Se errar, não seguimos. 


La opinión de S.E. Mons. Marcel Lefebvre acerca del «Poema del Hombre-Dios» de María Valtorta

Autor: S.E. Arzobispo Marcel Lefebvre
Original en inglés: An Excerpt From Archbish op Lefebvre’s Conference Where He Mentions the Poem of the Man-God. Extraído de una recopilación de Michael James sobre las diversas opiniones en el tradicionalismo y la situación dentro de la Iglesia del poema en cuestión, titulado Poem of the Man-God Research Document, pp. 648-650. Correspondiente a una parte de la conferencia de Su Eminencia Mons. Lefebvre ante los Carmelitas de Quievrain en donde tocó el tema, el 21 de julio de 1986.
Traducción: Alejandro Villarreal -octubre de 2012-

Las fuentes de nuestro conocimiento de Dios. Esta es la razón por la que nunca conoceremos a Dios en su infinidad. Conoceremos a Dios, quien es infinito, pero no la infinidad de Dios porque nosotros somos limitados y Dios no tiene límites. Él es inconmensurable, y nosotros, por supuesto, somos muy limitados, incluso teniendo la visión beatifica. Y así, obviamente es un consuelo para la fe, es una ocasión de humildad. Obviamente, ante Dios somos casi nada, pero al mismo tiempo es un consuelo para nosotros porque nos es necesario siempre saber algo más de Dios, pero nunca lo conoceremos tal como es…

S. E. Mons. Marcel Lefebvre
Verán así que su Fuente, la cual es Nuestro Señor Jesucristo mismo, es la Fuente de nuestro conocimiento de Dios y es la causa de este contacto con la Humanidad de Dios, verán cómo Nuestro Señor Jesucristo se ha revelado a Sí mismo. Conoceremos un poco más de los detalles de cómo Él ha revelado el conocimiento de Dios. Pero en este punto me gustaría hacer un pequeño “paréntesis” respecto a los diversos libros que nos hablan de Dios. Me gustaría decirles unas palabras sobre la Biblia y los Evangelios. Con éstos estamos seguros de lo que leemos, lo que aprendemos, lo que descubrimos acerca de Dios, en el Antiguo y el Nuevo Testamento. No hay dudas allí porque la Biblia es la Palabra de Dios. Es de fe. No tenemos derecho de dudar ni un instante porque la Sagrada Escritura es la Palabra de Dios. No es la palabra de los apóstoles, es Dios quien habla a través de los apóstoles. Por supuesto, Él utiliza sus inteligencias, su memoria, su amor y todas sus facultades, pero Él es el Principal Autor. Los apóstoles sólo son instrumentos, como lo es la pluma, así como la pluma es el instrumento de nuestros escritos, así los apóstoles han sido intrumentos inteligentes, el Buen Dios ha utilizado sus inteligencias, su memoria, su conocimiento, pero ellos son instrumentos de Dios. Las palabras resultantes son la Escritura y Dios es el autor. Él es el responsable de todo lo que se ha escrito allí. En consecuencia, no debemos tener dudas cuando leemos la Sagrada Escritura, pues sabemos que es Dios quien habla, por lo tanto, no debemos dudar de lo que está allí.

Pero en las bibliotecas de nuestros conventos y seminarios existen incontables escritores que han tratado sobre Nuestro Señor, podríamos llenar una entera biblioteca sólo con estos textos. Ciertamente, existen cosas muy buenas, muy santas y que han sido aprobadas por la Iglesia, La Imitación de Cristo, todos esos libros que tratan sobre la Sagrada Escritura, ciertos comentarios y explicaciones a ésta, de cualquiera manera, no tenemos escasez de estos libros. Pero tenemos otros libros que no sólo son explicaciones o comentarios de la Sagrada Escritura, sino que se presentan también como cierta revelación sobre Nuestro Señor Jesucristo. Tenemos, por ejemplo, un libro de reciente aparición, el cual se ha esparcido muy rápidamente y es fácil encontrarlo en las manos de muchas personas, es el libro de María Valtorta. Seguramente han escuchado hablar de este libro, y quizás alguno de Uds. lo ha leído, el cual es enorme, creo que son 13 volúmenes sobre la vida de Nuestro Señor.

¿Qué debemos pensar sobre esto? Verdaderamente es necesario ser muy cuidadoso, muy cuidadoso, y no relacionarlo inmediatamente con la fe, ya que esta persona, quien se autonombra inspirada, y quien ha dicho que ha visto todos sus escritos en visiones, y en particular, en todos sus detalles, en detalles muy pequeños, incluso en las cosas más insignificantes. Los apóstoles son presentados de forma muy detallada, así como las conversaciones entre los apóstoles y la Santísima Virgen, entre Felipe y Santiago, en el carácter de unos y otros, todo es escrito con el mínimo detalle. Admito que he leído una parte ya que el Padre Barrielle promovió mucho este libro de María Valtorta. Él estaba convencido que era absolutamente cierto, que no podía ser falso, que haría mucho bien. Yo no diría que no haría un bien el entrar así en la compañía de los apóstoles y la Santísima Virgen, el contemplar la vida de la Santísima Virgen, contemplar la vida del Niño Jesús, verlo crecer. Es verdad que quizás nos coloca en una atmósfera que nos hace vivir más con Nuestro Señor. Pero también hay un peligro. Y es que nos puede hacer descender un poco, rebajar la idea que nos hemos hecho de Nuestro Señor plasmada en los Evangelios. Cuando sólo leemos las Escrituras y los comentarios sobre ésta, permanecemos en un nivel muy espiritual precisamente porque los Evangelios no entran en estos detalles físicos y materiales, en la casa de Nazaret y todos sus detalles, en la preparación de la cocina, la preparación de los alimentos, todos estos pequeños detalles, los pequeños pájaros en sus jaulas y todo lo demás, son encantadores y cautivadores. Pero quizás haya en todo esto algo que haga que Nuestro Señor descienda casi a nuestro nivel. Sin duda, es claro que el Buen Dios quiso vivir entre nosotros.

Él no quiso vivir como un ángel, no fue como Rafael, quien acompañó a Tobías y le dijo «en verdad creíste que yo comía y bebía, pero no comía ni bebía porque me sostenía con otro alimento. ¡Soy uno de los siete quienes tienen entrada ante la divina majestad!» Tobías estaba en el suelo, ¡temeroso! Y parecía que comía, pero no lo hacía, ¿podríamos decir lo mismo de Nuestro Señor? ¡No lo creo! Nuestro Señor verdaderamente quiso vivir como uno de nosotros, cuando Nuestro Señor comía, Él verdaderamente lo hacía. No tuvo un cuerpo aparente, tuvo un Cuerpo Verdadero como el nuestro. Él sufrió en Su Cuerpo, Su Sangre fue derramada.

Así, existe un pequeño peligro en dejar que se materialice demasiado la vida de Nuestro Señor. Incluso he leído algo de la obra de María Valtorta, y me he encontrado con un pasaje que no me ha gustado mucho, se los aseguro: la conversación de María Magdalena con la Santísima Virgen al pie de la cruz. Verdadramente no creo que Santa María Magdalena haya dicho cosas como esas a la Sma. Virgen María. Casi fue grosera. María Magdalena diciéndole a la Santísima Virgen María: «Tu, tu eres pura; y yo, todo lo que he conocido en mi vida lo he convertido en algo impuro. Yo soy esto y lo otro, mientras que tu eres esto y esto otro.» Esto me impactó, hablarle a la Santísima Virgen así. ¿Por qué recordar sus adulterios, su vida disoluta, y de una manera casi grosera? No creo que sea posible que Santa María Magdalena pudiera dirigirse de esa manera a la Santísima Virgen al pie de la Cruz. No es posible.
Nota de B&T: En este mismo compendio se hace notar que Mons. Lefebvre parece confundir los personajes, pues no se encuentra este diálogo entre María Magdalena y la Virgen María en el Poema, y más bien se refiere a otro personaje, Aglae.

Así que no lo sé, pero admito que pondría un signo de interrogación en sus revelaciones. Les digo esto porque creo que no son importantes. Es necesario mantenerse al nivel del conocimiento de Nuestro Señor, en el conocimiento del Evangelio, al nivel del Evangelio, no descender a las cosas…

Existen otros libros: sobre Catalina Emmerich, María de Agreda. Pienso que tienen cosas muy bellas, quizás sean mucho más aprobados que los de María Valtorta. Pueden hacer mucho bien sin duda. Sin embargo, pienso que no debemos darle a estas cosas una equivalencia al Evangelio. Pienso que tenemos muchísimos libros de santos quienes han escrito sobre sus vidas con Nuestro Señor y todo lo que Él los ha inspirado. Creo que me estoy extendiendo un poco, pero leamos esos libros que son muy edificantes… Nunca reemplazaremos a la Sagrada Escritura, consecuentemente, debemos tener en gran estima las palabras del Evangelio, y tratar de descubrir allí, en profundidad, al Buen Dios.

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