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sexta-feira, 18 de dezembro de 2015

LA EXPECTACIÓN DEL PARTO DE LA SANTÍSIMA VIRGEN, QUE TAMBIÉN SE LLAMA LA FIESTA DE LA O.

LA EXPECTACIÓN DEL PARTO DE LA SANTÍSIMA VIRGEN,

QUE TAMBIÉN SE LLAMA LA FIESTA DE LA O. 


18 de Diciembre.  





Se celebra este día en la Iglesia de España, y en muchas Iglesias de Francia y alrededor del mundo, una Fiesta particular en honra de la Santísima Virgen, que en España se llama la Fiesta de la Expectación del parto, y en Francia se llama la semana de preparación, porque ésta fiesta comienza ocho días antes de Navidad, y continua esta devoción todos los días hasta el del sagrado parto de la Santísima Virgen. 


De suerte que esta  fiesta es una Octava antes de Navidad, destinada toda a prepararnos para el Nacimiento del Salvador, por medio de una devoción particular al parto de su Santísima Madre.

Como la Anunciación de la Virgen era a un mismo tiempo la Encarnación del Verbo y la Concepción de Jesucristo, se celebraba su fiesta en la Iglesia desde los primeros tiempos el 25 de Marzo con una solemnidad general. Pero como esta fiesta caía algunas veces en Semana Santa, y aun en Viernes Santo, o en la semana de Pascua, se hallaba no sé qué inconveniente en celebrar la Encarnación del Verbo en un tiempo, que estaba destinado a solemnizar la triste memoria de su Pasión y su Muerte, o el triunfo de su Resurrección gloriosa.

Este inconveniente obligó a los Obispos del CONCILIO X DE TOLEDO, celebrado el año 656, a trasladar esta fiesta al día 18 de Diciembre, ocho días antes de Navidad, como a un tiempo únicamente consagrado a celebrar la Encarnación del Hijo de Dios, y la divina maternidad decía Santísima Virgen. No pareciendo conveniente, celebrar la Encarnación del Verbo en un tiempo en que se solemnizaba la fiesta de su muerte y de su Resurrección gloriosa, los Padres juzgaron debían ordenar que ocho días antes de Navidad se celebrara con toda la celebridad posible la fiesta particular de la Madre de Dios, para que así como la fiesta de Navidad tiene una Octava Solemne, así también la fiesta de la Madre de Dios no careciese de esta santa solemnidad.  


Juan Sariñena, Vergine della Speranza (o dell'attesa) con angeli musicanti,
1610 circa, Museo de Bellas Artes San Pío V, Valencia



SAN ILDEFONSO, sucesor de San Eugenio en la Silla de la Iglesia de Toledo, y uno de los más devotos de la Madre de Dios, y muy celoso de su culto, confirmó este establecimiento, y fue quien le dio el nombre de Expectación del Parto de la Virgen Santísima, para dar a entender a los fieles, que aunque en todo el Adviento deben pedir y desear fervorosamente con la Iglesia el Nacimiento del Salvador, pero particularmente deben estos ocho días aumentar sus deseos, sus votos, sus ansias, sus suspiros por el Sagrado parto de la Santísima Virgen.  




El Papa Gregorio XIII aprobó después esta fiesta, la que bien pronto pasó a Francia y a otras partes, y se celebra todavía hoy con mucha magnificencia en muchas Iglesias de todo el orbe católico. 



Piero della Francesca, Madonna del Parto,

 Esta Fiesta de la Expectación de la Virgen se llama también la fiesta de la O, a causa de los grandes deseos que manifiesta la Iglesia durante estos ocho días, de ver nacer al Salvador del mundo, y por los ardientes votos que hace y explica por medio de unas Antífonas particulares, que comienzan todas por la letra O: O Sapientia, O Adona, O Radix Jesse, O Clavis David, O Oriens Esplendor, O Red Gentium, O Emmanuel; y que acaban todas con un Venid


Jacopo Sansovino, Madonna del Parto, 1518-21, Chiesa di S. Agostino, Roma

 
Venid a enseñarnos el camino de la Prudencia.
Venid, Señor, a redimirnos con la fuerza de vuestro poderoso brazo.
Venid, Hijo de David, a ponernos en libertad, y no tardéis.
Venid, llave de David, y Rey de Israel, y sacad de la cárcel a los que gimen en las tinieblas y sombra de la muerte.
Venid, luz del eterno día, Sol de justicia, y disipad las tinieblas en que vivimos.
Venid, Rey de las naciones, y salvad al hombre que formasteis de la tierra.
Venid, Manuel, Dios grande, que queréis venir a habitar con nosotros, venid a salvarnos, pues sois nuestro Señor y nuestro Dios. 


Esto es lo que se llama las Oes, las que, como se ve, no son otra cosa sino unas cortas pero ardientes súplicas, sacadas todas de los más notables pasajes de la Escritura, por las cuales la Iglesia, entrando en el espíritu y en el sentido de los antiguos Patriarcas, y de los más santos Profetas, manifiesta a su imitación los ardientes deseos que tiene de ver nacer de la Santísima Virgen aquel divino Salvador, a quien Jacob llama la Esperanza o Expectación de las naciones, y el deseo de los collados eternos, y el Profeta Ageo le llama el deseado de las naciones. 

Esta misma Expectación hacía prorrumpir a Isaías en estas expresiones que tienen tanto entusiasmo: " Cielos, enviad de lo alto vuestro rocío, y hagan las nubes que el Justo baje como una lluvia, abrase la tierra, y brote el Salvador, y nazca la justicia al mismo tiempo".

Si todos los Santos del Antiguo Testamento suspiraron con tanto ardor, con tanta ansia por el Nacimiento del Salvador del mundo, ¿cuáles serían los deseos de la que este Señor había escogido para ser su Madre, sobre todo, cuando vio que se acercaba el tiempo de su dichoso parto? ¿Cuál la santa impaciencia de esta divina Madre, durante los ocho días que precedieron a su santo parto? ¡Con qué ardor, con qué ansia suspiraría por aquel feliz momento, en que debía dar al mundo a su divino Salvador, su Dios, la alegría del universo, la esperanza de todas las naciones, y la salud de todos los hombres! Pues todo esto sabía era el fruto de su vientre.

No se duda que la Santa Virgen pasó todos estos ocho días en transportes de amor, en los más ardientes deseos, y en una continuada contemplación de las maravillas encerradas así en el Misterio de la Encarnación como en el del Nacimiento del Mesías.

Estos votos reiterados de la criatura más santa, más amada de Dios, estos deseos inflamados de la hija muy amada de la Santísima Trinidad, estas ansías amorosas de la Inmaculada Madre del Verbo Encarnado, esta santa preparación, esta expectación entusiasta de su parto son el objeto de la fiesta de este día, a la cual San Ildefonso dio el nombre de Expectación, bajo cuyo nombre se celebra el día de hoy.

En el día del Sagrado parto de la Madre de Dios, dice Gerson, fueron oídos los deseos de los Patriarcas y Profetas, este dichoso día, puede llamarse la primera y principal fiesta de la Santísima Trinidad, pues es el día de sus más pasmosas maravillas.

Entremos en el sentido de esta fiesta, honremos los ardientes deseos de la Madre con unos afectuosos deseos de ver nacer al Hijo.

La devoción a la Santísima Virgen es la más eficaz preparación para todas las fiestas del Salvador. El culto que damos a la Madre, atrae sobre nosotros las gracias de predilección, que son tan necesarias para celebrar con fruto los más santos Misterios. 


  

Acordémonos, dice San Bernardo,  de que así como no hay señal más sensible de predestinación que esta tierna y religiosa devoción a la Santísima Virgen, así tampoco hay socorro más eficaz para la salvación, que el suyo. Busquemos la gracia, y busquémosla por María, porque Ella encuentra lo que busca, y nunca deja de alcanzar lo que pide.

María Santísima, obtuvo la reparación de todo el mundo, alcanzó la salud de todos los hombres, porque es constante que tuvo mucho cuidado de que se salvara todo el género humano.

Pero si queréis agradar a María, si tenéis una verdadera devoción para con ella, manifestarla imitando su vida y sus Virtudes.

Es un ejercicio de religión muy útil rezar nueve Ave Marías cada día, y otras tantas veces el Salmo Laudate Dominun omnes gentes, en honra de los nueve meses que estuvo en cinta la Santísima Virgen y tres veces la oración siguiente:

"Bienaventurada Madre del Redentor, puerta del Cielo siempre abierta, Astro hermoso que sirves de guía a los que navegan el mar borrascoso de este mundo, socorre a los que caídos en pecado, desean ardientemente salir de el, tu que con pasmo de toda la naturaleza, concebiste y pariste a tu Creador. Virgen Santa, Virgen antes y después del parto, recibiendo la salutación del Ángel Gabriel, compadécete de los pecadores que acuden a ti como a su refugio. Amén." 




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