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quinta-feira, 19 de setembro de 2013

FALSA DOCTRINA DE FRANCISCO

Para reflexão! E seria bom ler o post de La Salette junto...



19 de septiembre de 2013

sanantonioabad“Los hombres se rendirán al espíritu de los tiempos. Dirán que si hubieran vivido en nuestros días, la fe hubiera sido sencilla y fácil. Mas en su día dirán que las cosas son complejas; que la Iglesia debe actualizarse y hacerse relevante a los problemas de la época. Cuando la Iglesia y el mundo estén en unión, aquellos días habrán llegado”. (San Antonio Abad)
Un falso Profeta se le coge, no por sus palabras, sino por sus obras que hace en contra de la Fe de la Iglesia.

El Profeta es el que enseña la Verdad de la Iglesia. Y la enseña con su vida, con sus obras, porque la Fe no es un conjunto de ideas bonitas, de pensamientos bien concertados, de obras buenas humanas. La Fe es vivir lo divino, obrar lo divino, asemejarse a lo divino.

Y, por tanto, el Profeta da a los demás lo que él vive en su corazón. Da la Verdad que recibe del Espíritu, y la transmite en obras hacia los demás. Obras que son divinas, que tienen el sello de lo divino. Obras que no se hacen para ganar el aplauso de los hombres, ni para conquistar a otros hombres, ni para sentirse bien en la vida. Se hacen esas obras porque así Dios lo quiere.



El falso Profeta es el que obra lo contrario a lo divino, porque no posee la Fe, sino que se inventa la fe. Hace de la Fe de la Iglesia, su fe humana. Vive lo que hay en la Iglesia, pero quitando lo que no le gusta, lo que no es conveniente para los tiempos que corren, lo que desagrada a muchos. Por eso, el falso Profeta predica cosas bonitas, cosas que son interesantes a todos, pero sin dañar, sin herir, sin exigir, sin querer que las almas huyan al decirles la verdad de sus vidas, para que así vean que se las ama, a pesar de que viven mal.

El falso Profeta, cuando habla, dice muchas cosas que son de Dios, cosas que sabe porque las ha aprendido en los libros, pero son cosas que no vive. Predica lo que no vive en su diario vivir. Lo aprendió y eso queda en la memoria, pero no lo asimiló el corazón. Y, por eso, el falso Profeta le gusta predicar del amor de Dios, de que la Iglesia es Madre, de que hay que acoger a todos, porque Dios ama a todos, pero no dice las exigencias del amor de Dios, no dice lo que una Madre debe hacer cuando sus hijos viven en el pecado, no enseña a caminar a aquellos que han hecho de su pecado su vida.

Es lo que se discierne en tantas homilías de Francisco: eso es lo propio del Falso Profeta. Habla de lo que ha estudiado, aprendido con su inteligencia. Pero no habla de lo que vive. Esconde su pecado, esconde sus dificultades en la vida, esconde el vacío que tiene su corazón.

Y, cuando habla de tantas cosas, que son verdad a medias, que son hermosas, que son bonitas, después obra lo contrario a lo que predica. Después sus obras son lo que es su fe, su fe inventada, construida con su razón, con su necio pensamiento.

La fe de Francisco es una fe que nace de su pensamiento humano. Con su pensamiento humano ha desbaratado la Tradición, los Dogmas de la Iglesia, las Verdades que son para siempre, y ha construido sus verdades. Y así ha hecho su vida: atendiendo a esas verdades que encuentra su pensamiento. No puede hacer la Vida que Dios da al que cree en Su Palabra. Francisco sólo cree en las palabras que nacen de su pensamiento humano.

  1. Un sacerdote que no cree que exista la Verdad Absoluta (“yo no hablaría, ni siquiera para quien cree, de una verdad «absoluta»…¡la verdad es una relación!”), sino que todos son verdades relativas;
  2. Un sacerdote que llama al pecado sólo una cuestión de la conciencia de cada uno (“El pecado, aún para los que no tienen fe, existe cuando se va contra la conciencia”), y no un asunto del alma y Dios, del alma y de la Iglesia, del alma y de su entorno familiar, social.;
  3. Un sacerdote que invita a buscar a los hombres (“¿Voy a convencer a otro que se haga católico? ¡No, no, no! ¡Vas a encontrarlo, es tu hermano! ¡Eso basta! Y lo vas a ayudar, lo demás lo hace Jesús, lo hace el Espíritu Santo”) pero a no presionarlos para que dejen sus pecados, sus vidas, sino para hacerlos sus amigos y así formar una Iglesia en la que caben todos, hasta el mismo demonio, es un sacerdote que deja mucho que desear en la Fe de la Iglesia.
Si ese sacerdote piensa así de la Fe de la Iglesia, entonces hace de la Fe de la Iglesia una falsa fe. Hace de la Iglesia un conjunto de ideas, de normas, de obras humanas. Por eso, es tan interesado en los social de la Iglesia. No le interesa lo espiritual. Francisco es un sacerdote socialista, no vive el Espíritu de la Verdad en su sacerdocio.

El problema está en que él actúa como si fuera verdadero Papa. Y, entonces, lo que diga, lo que obre, como lo dice el Papa, como lo obra el Papa, como es el Papa…, nadie dice nada en contra, nadie se opone, sino que todo el mundo lo aprueba y nadie obra en contra de Francisco en la Iglesia. Esta es la falsa Obediencia. No se puede obedecer a aquel que obra en contra de la Verdad de la Iglesia.

No hay que dialogar con Francisco, porque no escucha la Verdad de la Iglesia.

Ahora que va a iniciar con las ocho cabezas un nuevo gobierno en la Iglesia, no hay que conversar con él para que en la Iglesia se mantenga lo de siempre, porque no va a hacer caso a nadie. Sólo va a hacer caso a ese gobierno oculto en la Iglesia, que se llama masonería eclesiástica, y que ha comenzado su juego en la Iglesia.

Ahora, en la Iglesia se va a dar la batalla por el Poder. Unos y otros se va a pelear para tener la Cabeza de la Iglesia e imponer a la Iglesia su pensamiento humano.

Lo que se ha hecho en la Iglesia durante siglos a escondidas, oculto, en secreto, se va a hacer ahora a la vista de todos. Y nadie se va a sorprender de lo que ven sus ojos, porque eso es lo que se ve en el mundo: discusiones, diálogos, encuentros para dar soluciones a los problemas. Y nadie se asusta de ello. Pues, tampoco en la Iglesia, la gente se va a asustar de lo que va a ver, porque ya no hay Fe en la Iglesia. Ya no se vive la doctrina de Cristo. Ya aparece la doctrina falsa, la que ha recorrido la Iglesia durante tantos años, la que se impuso en el Concilio Vaticano II, la que viven tantos sacerdotes y Obispos en su vida diaria. Una vida sin oración, sin penitencia, sin entregarse a conocer sus pecados, sin luchar contra el demonio, viviendo sólo para ser hombres, para alcanzar las obras de los hombres, para hablar las tonterías que a los hombres les gusta escuchar cuando no siguen al Espíritu de la Verdad.

La falsa doctrina de Francisco está en lo que él obra, no en lo que él dice. Desde el principio de su reinado en la Iglesia, de su falso Pontificado, ha obrado lo que él vive: su forma de entender el Papado, la Iglesia, la Misa, etc. Esa forma de entender es una vida para él. Esa forma de entender la ha aprendido transformando la Verdad de la Iglesia, sus Tradiciones, Sus Dogmas, en lo que él cree que es la tradición, el dogma, la verdad en la Iglesia.

Cada uno es lo que vive, no lo que piensa o dice.

El falso Profeta se le coge en la vida, en las obras de la vida, en su pecado, no en sus palabras. El falso Profeta es hábil para mentir, para engañar, para hablar lo que hay que hablar en cada momento y así no ser pillado en nada. Pero el falso Profeta no puede esconder lo que vive, lo que tiene en su corazón. Y lo demuestra con obras que van contra la santidad de la Iglesia, contra lo sagrado de la Iglesia, contra la Verdad de la Iglesia.

Con el inicio de ese falso Profeta, se inicia la falsa doctrina de Cristo, que consiste en hablar del amor de Cristo y no decir nada, no enseñar lo que significa ese amor, no poner los caminos de ese amor, sino sólo en decir palabras hermosas, para que todo el mundo esté contento y alegre siguiendo, después, los pecados que tiene en su vida.

Que el homosexual siga siendo homosexual. Eso no importa. Lo que importa es que Dios lo ama. Que el ateo siga siendo ateo. Esa es su vida, su verdad. Y Dios lo ama como es. Que las mujeres accedan al sacerdocio. También son sacerdotes como los demás. Hay que abrirles el camino dando un ejemplo en el lavatorio de los pies.

Hablar del amor y obrar el pecado. Eso es la falsa doctrina. Esa es la nueva Iglesia que ese falso Profeta está presentando en sus homilías, en sus discursos, en esa encíclica que es un mar de errores para la Iglesia.

Y nadie dice nada. Todos tan contentos de tener a un idiota, en su necio pensamiento, que diga cosas bonitas y que deje a la gente vivir su vida, como cada uno la entiende en su razón humana.

adornos5
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